Historia

LA SALA DE GRANOLLERS DE ROCACORBA
Ocho siglos de agricultura, historia y patrimonio 

Por Aniol Sapena,portalada Can Sala

 

La casería de la Sala ha sido un testimonio privilegiado y activo de la historia de Cataluña en los últimos ochocientos años. Sus paredes son memoria y sus descendientes protagonistas de las vicisitudes de la vida rural catalana.

La Sala se erigió en el s. XII reproduciendo una estructura arquitectónica que los medievalistas identifican como "sala" o "stallium", el origen del nombre de la casería. Se trataba de casas fuertes, pertenecientes a familias de caballeros, que ejercían de núcleo de un feudo formado por masías, bordas y molinos distribuidos entre tierras labradas y baldías, huertas, viñas y árboles frutales. Un sistema integral, totalmente autárquico, que además de cumplir con una función agrícola, actuaba complementando la red defensiva de los grandes castillos de la época.  

Hasta mediados del siglo XV la Sala formó parte del patrimonio de varios linajes de la nobleza gerundense. Durante ese tiempo, sería remodelada y se convirtió en una auténtica casona. Pero después de la primera Guerra civil catalana (1462-72), los bienes antaño señoriales fueron sustraídos por el rey Juan II para recompensar a uno de sus fieles devotos: Pere Joan Sala. Sin lugar a dudas, el personaje más conocido de la historia de la casería. Hijo de "remensas" del mismo feudo, entregaría su vida a la lucha por la liberación servil de los payeses y aunque murió ejecutado antes de ver cumplida la contienda, su lucha no sería en vano. Un año después de su muerte (1485), el rey Fernando II derogaría los malos usos señoriales y la "remensa". Un hito en la historia social agraria y europea reconocida documentalmente por la UNESCO.

Los descendientes de Sala, cultivaron las tierras de la casería hasta finales del siglo XVIII. Por aquella época, la Sala se había convertido en una importante hacienda: sus campos se extendían por todo el valle y se construyeron bancales en las colinas para aprovechar cada palmo de tierra, el agua de la lluvia era recogida desde las crestas de las montañas con ingeniosos sistemas de regadío, y además, disponían de todas las industrias necesarias para satisfacer a las masadas de la propiedad: molino, horno de cal, pozo de hielo e incluso una almazara. Entonces el rol de la Sala era determinante, actuaba como un centro económico donde se contabilizaban y se repartían las cosechas entre los propietarios y los aparceros, como prueban aún los registros gravados en las paredes del granero.

En 1783 moriría el último heredero de los Sala, Gaspar, que tres años antes, y como si de una premonición se tratase, hizo inscribir el gravado que a día de hoy aún se conserva en la puerta principal: SVCESSORS DE ESTA RECORDAVS / DELS PASSATS. GASPAR / SALA. ME FECIT. 1780. Cuatro años después de su muerte, falleció su único hijo varón y futuro heredero, perdiéndose así el apellido.

 La propiedad recayó entonces en los Pratsevall mediante el matrimonio entre la hija mayor, Maria Rosa Sala y Francesc Pratsevall, hijo de una familia hacendada del valle contiguo. La estirpe de los Pratsevall perduraría hasta principios del siglo XX y su miembro más relevante fue el heredero del matrimonio anterior: Francesc Pratsevall i Sala, hombre de empresa y de ideología carlista. Su contribución a la lid en la última guerra (1872-76) lo llevaría prácticamente a la ruina por los compromisos económicos que contrajo: sufragó partidas enteras, fundó y editó el periódico El Iris, y fortificó de nuevo la Sala para convertirla en albergue para las tropas tradicionalistas. Después de la pérdida del conflicto, siguió arrastrando problemas económicos hasta que murió violentamente a raíz del asalto de unos bandoleros en la Sala (1876).

Su nieto vendería la finca en 1928 y desde entonces se sucedieron hasta nueve propietarios, ninguno sin demasiada continuidad. Las penurias de la guerra civil y la postguerra, unidas a la pérdida de rentabilidad en el sector agrícola, fueron las principales razones que dieron inicio al declive del caserón, que descuidado por sus propietarios, vería cómo su nobleza sucumbía a la decadencia y los bosques ocupaban sus fértiles campos.

No sería hasta la década de los noventa del siglo XX que la Sala fue adquirida por la empresa Luz de Vida con el fin de salvar este monumento declarado Bien Cultural de Interés Nacional y restituir sus valores patrimoniales, paisajísticos y ambientales. 

La Sala, dibuix a la ploma de Ramon Prior Canales a La Llémena, dibuixada. Palahi A.G., Girona, 1993, p. 34.
La Sala, dibujo a pluma de Ramon Prior Canales  La Llémena, dibujada. Palahi A.G., Girona, 1993, p. 34.

 

Hoy, en la Vall del Llémena, cada año se celebra la Fiesta Remença, recordando así los payeses del pasado que lucharon por su libertad y para defender sus tierras.
Cada año se cambia de lugar, el 2012, se celebró aquí, en Can Sala. 

Albumes de fotos de la fiesta Remença.

 

 

 Ensayo de la 3a Fiesta Remença en Can Sala  

Història. Video promocional de la 2a Fiesta Remença.

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